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MOR es una enfermedad fúngica de la soja, con razas, reportada por primera vez en la zona centro de nuestro país en 1983 (Giorda y Justh, 1983) y en la zona norte en la campaña 1997/98 (Ploper et al., 1999). El hongo sobrevive durante el invierno en la semilla y en el rastrojo infectado. Una vez que el patógeno se introduce en un área, el rastrojo constituye la principal fuente de inóculo primario. Además desde la semilla el patógeno se transmite hacia los cotiledones y hojas Las esporas producidas en las manchas de los cotiledones sirven también de inoculo primario para infectar las hojas jóvenes
El desarrollo de la enfermedad se ve favorecido por el tiempo cálido y húmedo, en especial temperaturas nocturnas superiores a 20º C, lluvias abundantes y formación de rocío, monocultivo de soja y siembra directa.
MOR es una enfermedad policíclica (con varios ciclos de infección durante la campaña) y las esporas producidas por el hongo son diseminadas a plantas sanas por el viento y el salpicado de las lluvias (Distéfano y Giorda, 1997). Debido a que las esporas producidas son pesadas dicha diseminación es a corta distancia. Cuando las precipitaciones no son continuas los síntomas aparecen sólo en algunos estratos de hojas, generalmente en el medio y en la parte superior.
Los síntomas son principalmente foliares aunque también se puede observar en tallos, vainas y semillas. Las lesiones en hojas son manchas angulares o circulares, de color castaño rojizo cuyo centro se torna castaño más claro cuando avanza la enfermedad (Fotos 1 y 2) . Tienen un tamaño de 1 a 5 mm, pudiendo coalescer formando lesiones grandes e irregulares. (Foto 3). Cuando se presenta un gran número de lesiones, las plantas pueden perder las hojas prematuramente o enrularse desde los bordes hacia el centro. Las lesiones en tallos y vainas aparecen al final del ciclo del cultivo como manchas alargadas deprimidas, castaño oscuras en los bordes y más claras en el centro (Fotos 4 y 5). Las semillas presentan su tegumento con rajaduras y manchas de color pardo claro (Foto 6)(Ploper et al., 2000).
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Las pérdidas que produce son variables dependiendo del cultivar y del momento de infección, con registros máximos de alrededor del 35% (Mwase & Kapooria, 2000; Ploper, 2001). Durante la última campaña las estimaciones realizadas en algunos lotes del sudeste de la provincia de Córdoba evidenciaron pérdidas promedio de alrededor del 22% en cultivares con los mayores niveles de severidad.

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